El programa que se plantea en este concurso lo convierte en un lugar inevitablemente denso, tanto en su continente como en su contenido.
Conseguir que esa densidad no se traduzca en una construcción abigarrada y masiva es uno de los objetivos del proyecto.
No es difícil reconocer en la estructura urbana del Puerto de la Cruz, la escala fragmentada de sus manzanas de viviendas, construidas por procesos de adición y caracterizadas por la irregularidad de las alturas, las densidades y las formas de los edificios que las conforman, de los que la manzana a la que se adhiere el Espacio Parque San Francisco, obviamente, participa.
Una configuración, en definitiva, múltiple y unitaria a la vez , jalonada, en sus lugares más afortunados, de elementos arquitectónicos de la arquitectura tradicional Canaria (huecos verticales, celosías, balcones de madera), que caracteriza esta trama urbana generada por un proceso de agregación de piezas , que sugiere que la nuestra debe ser una estrategia mixta de fragmentación y adición de volumetrías diversas, como la ciudad misma.
El proyecto pretende aprovechar la densidad del programa para dotar al Puerto de la Cruz de un edificio que sea referente para la gran escala de la ciudad, a la vez que un elemento perfectamente integrado en la trama urbana para la pequeña escala de la calle y el barrio.
Esta nueva dotación, muy importante para el Puerto de la Cruz por lo que supondrá de instrumento dinamizador, se percibirá, vivirá y sentirá como un elemento cotidiano desde el paseo por las calles más próximas (San Juan, Agustín de Betancourt, Quintana, Pza. Dr. Víctor Pérez…). Simultáneamente, se identificará desde lo alto de la ladera del Teide como un icono para la ciudad. Y viceversa. El edificio se asomará con una escala «cercana» y «humana» a las calles aledañas en sus plantas bajas, mientras que según asciende se abrirá hacia la ciudad de manera más «objetual» o «escultórica».
Para ello se plantea un sistema global de cerramiento que incluye todo el edificio, tanto fachadas como cubiertas, adaptándose a cada situación concreta según las necesidades programáticas, la orientación, las vistas, etc. Este sistema, configurado por una celosía en base a dos fachadas o capas superpuestas, matiza, protege del sol, del viento allí donde es necesario, a la vez que genera espacios ambiguos, a medio camino entre el dentro y el fuera, muy propicios para el clima de la isla.
A su vez, este sistema de celosía construida a base de piezas prefabricadas de hormigón autoportante, alternadas con revestimientos de forma y tamaño análogos, materializa la superficie del edificio en una piel de textura rugosa y porosa, que tanto nos recuerda a la materia misma de la que está hecha la isla en sí.
Desde la cercanía de las calles aledañas el visitante percibirá cómo el edificio se integra en la trama urbana, «crea ciudad» gracias a la configuración de sus plantas inferiores. Incorpora con naturalidad y respeto a edificios preexistentes como la Iglesia de San Francisco, Casa Martel o el muro de la «Cárcel». Este respeto se traduce en un tratamiento cuidadoso de las medianera en las que se apoya, en especial la de los edificios de viviendas en altura que conforman lugar y en la que el nuevo Espacio Parque San Francisco desarrolla todo un sistema de comunicaciones del edificio, en especial las verticales, que trepan por los muros vírgenes de la manzana hasta llevarnos a lugares desde los que la ciudad se pliega para mirarnos y desde los que se puede disfrutar de una vista privilegiada de la ciudad con el Teide de fondo.
Al acceder y en su recorrido ascendente, el visitante se encontrará con espacios sorprendentes: cubiertos pero abiertos, visibles desde la calle pero protegidos, asomados a la ciudad pero integrados en los recorridos internos del edificio. Calles, plazas, galerías, balcones, terrazas, patios, umbráculos, huecos que aluden a la arquitectura popular o vernácula canaria…